Aun no se considera una adicción o un nuevo diagnóstico psiquiátrico, pero entra a un comportamiento compulsivo, ansioso y desesperado por la búsqueda de entretenimiento, eventos sociales, placer, encuentros culturales y profesionales.
Es una nueva tendencia de necesidad de estar siempre en actividades, buscando “dopamina”, “adrenalina”, placer, satisfacción, deseo y gratificación inmediata.
La economía del entretenimiento, a través del Neuromarqueting, la publicidad, el mercado de consumo, el algoritmo y las células espejo, han encontrado la forma de fijar, seducir, conquistar y marcar tendencia o crear la necesidad en las personas de vivir el “presentismo” los momentos felices, la vida del placer, la energía y la notoriedad, para consumir la “eventomanía” como expresión de conectar con los grupos, la vida, gratificación y el estatus social.
Existen indicadores o señales de la búsqueda compulsiva sobre la eventomanía: pensar de forma ansiosa sobre los próximos eventos o sentir irritabilidad, malestares o frustración cuando no pudo estar presente en los eventos. La tendencia a priorizar encuentros sociales y eventos, para sustituirlos por el trabajo, los estudios, compromisos familiares; además, acumulan deudas, irresponsabilidades financieras debido a gastar dinero en encuentros sociales y culturales, les ha problematizado la vida a muchas personas.
Sentir la necesidad de estar en una actividad o evento para sentirse validado, importante o alcanzar notoriedad; de lo contrario aparece la culpa, sentimiento de insuficiente o vacío existencial.
En el fondo, muchas personas buscan la eventomanía como una forma de evitación, de escape o refugio para llenar un vacío emocional, huir de una soledad no deseada, de una baja autoestima o de una pobre identidad psicosocial que, son las razones que les mueve a la necesidad ansiosa o compulsiva de estar en muchas actividades.
La eventomanía compulsiva, rompe el equilibrio, satura mentalmente y físicamente, agota, no se descansa, se pierde la armonía entre usted y el entorno. Más bien se descuida del sueño, la alimentación, el presupuesto, la conexión y el tiempo con la familia, la pareja, los amigos y lo que es verdaderamente significativo.
En todo proceso, el ser humano necesita funcionar con las tres E: equidad, equilibrio y eficacia, con prioridad y propósitos sobre los por qué, el para qué y las necesidades básicas que motivan la participación social o cultural.
La trampa sobre la eventomanía descansa en la dependencia a la gratificación constante y a la búsqueda de eventos sin tener un propósito, una necesidad o justificación planificada. Cuando se realiza de forma evasiva, escapista, para complacer al mercado, personas o grupos, se convierte en una trampa psicoemocional, financiera y conductual.
La cultura es la que cambia al cerebro. La economía, los nuevos estilos de vida, el consumo, las necesidades creadas y construida, han estructurado nuevos sistemas de creencia y nuevas tendencias de vida.
Los trastornos de ansiedad, la depresión, las adicciones y las insatisfacciones vitales han aumentado en todo el mundo, creando aumento de los trastornos mentales, impactando con sus consecuencias y disfuncionalidades.
La vida posmoderna, donde se valida la apariencia, la notoriedad, “el éxito”, la belleza, el estilo de vida y el egocentrismo; también crea la angustia por la eventomanía como expresión de conexión social.
La eventomanía hay que reflexionarla, gestionarla de forma inteligente y responsable para que no afecte su vida y la de los suyos.

