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No sé si en alguna otra iglesia habrá ocurrido, pero en “la mía” (la Jerusalén 1ra. en San Pedro de Macorís, República Dominicana) pasó una vez lo siguiente: Se celebraba la semana de la Escuela Dominical, y a los que llevaran más visitas, así como a los que se aprendieran de memoria la “Verdad Central” y el “Texto Áureo” de la Guía Dominical, se les premiaría con alguna que otra cosa. Entre los premios a otorgar, el superintendente de la Escuela Dominical mencionó biblias anotadas por Scofield, con la finalidad de que los agraciados siguieran “comiendo Biblia” y aprendieran, claro está, mucho más acerca de ella. Para aquella época –modestia aparte– había en nuestra iglesia un buen número de “come biblia”. Uno de éstos se destacaba tanto que tuvimos que designarlo con el título de “Versión dominicana de la Biblia Andante”. Alguien había sugerido que le llamáramos “El Nuevo Testamento”, mientras otro prefería el título de “La Biblia en dos patas”. Todo eso ocurría porque no se quería usurpar el título de “La Biblia Andante”, que muy bien ostentaba para entonces el reconocido evangelista puertorriqueño Figue Figueroa, radicado en la ciudad de Chicago, Estados Unidos de América, y que había visitado en varias ocasiones a nuestro país, y de manera especial a San Pedro de Macorís. Pues bien, lo que pasó fue que uno de los “come Biblia” se opuso a que el Departamento de Escuela Dominical obsequiara Biblias anotadas de Scofield porque, en primer lugar, decía él, Scofield tiene muchas teorías “raras”, como, por ejemplo, las opiniones sobre la maldición de Noé a Canaán y el Sermón de la montaña, y otras muy discutidas acerca de las dispensaciones. En segundo lugar, añadía nuestro “come biblia”, cuando uno lee una Biblia comentada, puede tener la impresión de que lo dicho por el comentarista es palabra de Dios, y podría, en cualquier momento, propagarla como tal. En tercer lugar, seguía él argumentando, la persona que usa Biblias anotadas puede correr el riesgo de depender de la interpretación de un comentarista, olvidándose así de que tenemos el auxilio del Espíritu Santo para una correcta interpretación y de que la biblia es su propio intérprete. En cuarto lugar -y esto no quiere decir que no hubiera un quinto y también un sexto lugar-, el susodicho “come biblia” añadía que cuando una persona depende de otra en materia de interpretación, no utiliza su cerebro, su inteligencia; es decir, esa capacidad que tenemos todos los seres humanos para discernir, pensar y “poner a funcionar” nuestras neuronas, y que, además, ¿para qué es que tenemos la mente de Cristo? ¿Está Usted de acuerdo con nuestro “Come biblia”?
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