En política, el rechazo es techo; la intención de voto es piso y las campañas viven —o mueren— en esa dicotomía.
A pesar de lo que reiteran algunos, el umbral mínimo técnicamente fatal de la tasa de rechazo de un candidato no es 40% ni 45%, pues es un indicador abstracto que solo podría ser tomado en cuenta como una real amenaza si se trata de más del 50% de rechazo duro, entendido como electores que nunca votarían por un determinado candidato.
En tal sentido, el dato electoral muestra que Leonel Fernández y su partido Fuerza del Pueblo no están estancados: en 2020 obtuvo 8.90% como candidato aliado a FP/PRSC y otros partidos. En 2024, la FP y aliados alcanzaron 28.85%, con 1,259,427 votos, desplazando al PLD como la principal fuerza política de oposición, pues el partido morado quedó en un lejano tercer lugar, con el 10.39% de la votación.
En efecto, constituye un hito en la historia electoral contemporánea de nuestro país que un partido con apenas cinco años de haber sido fundado haya pasado de la casilla 18 a la 2 en la boleta. Si Leonel tuviera una «alta tasa de rechazo» que lo dejara fuera de competencia, la historia habría sido otra.
Se trata de un récord sin precedentes que no podría ocurrir nunca si un candidato presidencial no tuviera un crecimiento sostenido como el que tiene Leonel Fernández, lo cual solo se puede calificar como un salto cuántico, en un período de tiempo tan corto. Esa proeza solo la logra un líder político que tiene una valoración muy por encima de lo que representa su «tasa de rechazo»: Leonel Fernández.
El argumento de “alta tasa de rechazo” debe ser sometido a validación. Si el rechazo fuera una realidad como desean algunos, desde 2020 la FP no habría pasado en 2024, de una candidatura minoritaria a convertirse en la segunda fuerza presidencial del país, desplazando electoralmente al PLD gracias al hecho de haber casi triplicado su votación, es decir, la Fuerza del Pueblo obtuvo prácticamente 3 votos por cada sufragio del PLD.
En otras palabras, la «tasa de rechazo» de Leonel Fernández es un mito que se desvanece en cada juramentación que realiza y lo acerca cada día más al solio presidencial. No obstante, como ocurre en toda democracia competitiva, el desenlace dependerá de múltiples factores y de la capacidad de los actores políticos para interpretar y responder a las demandas del electorado.
Claro está, eso lo dirán los hechos, no las opiniones interesadas de sectores opuestos al proyecto político que encarna el líder de la oposición del país.

