El doce de abril de este año cuestioné con dureza y acritud ——a través de un tuit—— a los comisionados del gobierno que fueron a reunirse con el expresidente Medina sin un folder debajo del brazo con hojas que contengan las medidas generales para afrontar la crisis del incremento del barril del petróleo. Las aprensiones se confirmaron con la reacción del expresidente al concluir el encuentro.
Posteriormente los comisionados —Yayo, Magín y Paliza— se reunieron con el expresidente Fernández, y éste también dijo que estaba a la espera de la presentación formal de las medidas concretas que tomaría el gobierno para afrontar la crisis por el incremento de los precios del barril del petróleo.
La receta a la que parecían rehuirle los comisionados la habían planteado los economistas Jaime Aristy Escuder y Andy Dauhajre, al señalar que el camino de única vía era el ajuste gradual de los precios de los combustibles: medida impopular, pero necesaria.
Días atrás el ministro de Hacienda y Economía del Gobierno presentó el “Plan Anticrisis”. Explicó con peras y manzanas que no se trata de una reforma fiscal integral como establece la Estrategia Nacional de Desarrollo. ¿Piensa alguien de manera sensata que en estos momentos están dadas las condiciones para sentarse a debatir una reforma fiscal integral?
Las medidas actuales son para contrarrestar una turbulencia económica que ha significado la sangría de más de 25 mil millones de dólares, solo en combustibles, sin agregar otros subsidios. Hay que sumarle que solo por la factura petrolera el Banco Central afirmó que habrá que buscar más de 900 millones de dólares para el sector eléctrico. Es decir, seguimos padeciendo los efectos, aunque se haya firmado un memorándum de entendimiento de un acuerdo que sabemos está asentado sobre un barril de pólvora.
El conjunto de medidas que presentó el gobierno protege a los más pobres, no implica un dolor financiero para la clase media y pone a los que tienen un poquito más a soportar la carga más pesada. Contrario a los prejuicios que teníamos por los referentes históricos de los parches fiscales de gobiernos anteriores —Danilo, Leonel e Hipólito— y el fracaso de la reforma fiscal de Jochi Vicente que enterraba cien metros bajo tierra a la clase media.
En esta ocasión, la clase media se beneficiada con la ampliación del gasto educativo de un 20 % a un 30% y hasta un 50% si existe alguna persona con discapacidad o trastorno del neurodesarrollo. Los emprendedores habían puesto el grito al cielo con el irritante anticipo que elimina este conjunto de medidas. Los grandes empresarios cargaran un poquito más pesado con un ISR que incrementa de un 27 a un 30%. Se amplía el umbral del régimen simplificado de tributación. No se sacrifican los programas sociales que protegen a los sectores más vulnerables identificados dentro del mapa de pobreza del Programa Nacional de Naciones Unidas (PUND).
Es verdad que no es un plan perfecto, pero si el más conveniente para el país. Entonces, ¿por qué pedirle al gobierno irresponsablemente que lo retire del congreso, como planteó el expresidente Fernández? ¿Se ha ponderado las consecuencias que tendría retirarlo? ¿Cuál sería la reacción de las agencias calificadoras de riesgo que han expresado su preocupación por el aumento de los intereses de la deuda? ¿Cuál es el país que aspira a gobernar al expresidente? ¿busca una coyuntura similar a la del 2004 en la cual más de un millón de dominicanos cayeron en la pobreza como consecuencia de la crisis financiera de Baninter? ¡Por Dios!
Sentido de responsabilidad y más sensibilidad; menos caudillismo, egolatría, culto a la personalidad y ambición patológica de un eterno candidato que después de haber gobernado doce años busca con sed el poder por sexta ocasión sobre el cadáver económico de su país.
La ley 30-26 que contiene el Plan Anticrisis no es un brownie a la moda, pero si una proteína que contiene los nutrientes esenciales para recuperar parcialmente la salud económica de una crisis que no provocamos nosotros. Sé que la política es un terreno de lucha de intereses donde no prevalece la lógica ni la razón, de hecho, eso explica que algunos amigos de Maduro tenían velas encendidas y los dedos cruzados para que el precio del barril del petróleo se disparara por encima de los trescientos dólares. Solo les pido a esos buenos dominicanos un poquito coherencia.
¡Exigíamos un plan y ya tenemos el bendito Plan!

