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    El tío Mario ¡Un puertorriqueño aplatanao!


    “En el 1945 –comenta Herminio-, George Orwell publica su obra ‘La Rebelión de la Granja’. Al hacerlo, hizo pininos en la predicción de cómo, varias décadas después, algunos togados y birreteados harían de su práctica el ignorar el juramento hipocrático al que han recibido como sello para su partida al ruedo profesional, y cómo lo convertirían en un juramento hipócrita a lo largo, o corto, de su ejercicio… Poco más de 20 años más tarde, un puertorriqueño profundamente enamorado de una santiaguera, decidió venir al país para, en la ciudad corazón, formalizar su compromiso con quien a partir de esa visita le acompañaría como su inseparable compañera… Aún recuerdo cómo, justo pocos años antes de yo hacer lo mismo que él, lo alcancé a admirar al verlo montando un coche, sonriendo y saludando a todo el que se encontraba en los alrededores del parque Duarte… Nunca imaginaría yo que, luego de 60 años atado a nuestro terruño, vería cómo una rebelión de esta ‘Granja’ daría origen y vida, para convertirse en testimonio histórico de esa fábula literaria dejada al mundo por Orwell, haciendo uso de cerdos con sus personajes claves.

    Píndaro, que escucha con atención, interviene y expresa: “Algunos de los animales tratados como personajes por el autor, han venido cobrando vida por arte de magia, rebelándose y haciendo caso omiso a su sagrado juramento… En su planteamiento, el texto refiere que ‘a medida que los cerdos tomaban el poder, modificaban las reglas a su antojo, violando los derechos previamente consolidados, hasta que la promesa original desaparecía’… Hoy, escuchamos la voz del Supremo dictaminando: ‘Juran por Dios, y por la Patria, por nuestro honor de ciudadanos profesionales del Derecho, respetar la Constitución y las leyes de la República, y ejercer fiel, digna, y honestamente la profesión de Abogado?’… Y, al fondo, un eco resuena: ¡Sí, juro!”.

    Herminio retoma la palabra y amplía: “Con un corazón conquistado por esa cibaeña y plenamente identificado con nuestros ríos, campos, montañas, playas y, muy en especial, con el dominicano de pueblo, el tío Mario no lo pensó dos veces y el buen mangú con salchichón y aguacate por las mañanas le caló muy hondo, hasta llevarlo a hacer honor a sus principios y motivarlo a invertir en un apartamento en la playa de Sosúa, una casita en Cabarete, una construcción física de lo que luego vino a ser su hogar, por años, en los Cerros de Gurabo, de Santiago… Tan profunda fue su identificación con nuestro país, que sólo una mera sugerencia hecha por allegados a él le motivó a adquirir cerca de una docena de solares circundantes a su vivienda de recreo en Cabarete… Mientras el tío Mario se aplatanaba en nuestro país, la referencia a la obra de Orwell parecía estar proyectándose y dar vida a que ‘todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros’… Aquella convicción en la justicia dominicana que le había dado la fortaleza para sentirse más profundamente un ‘dominicano aplatanao’, se empezó a desmoronar cuando algunos funestos personajes –casi fotocopia de los símiles en ‘La Rebelión en la Granja’, se dieron a la tarea de hacer uso falsificado de su firma personal, para luego intentar traspasarse los títulos de propiedad”.

    Retrato

    Píndaro, que no aguanta más y que sabe, a ciencia cierta, que esos títulos están cuidadosamente resguardados, exclama: “¡Esos cerdos de la granja de Orwell que se rebelaron motivados por lo inconfesable, hoy parecen verse representados y cobran vida literaria al hacer daño a los intereses más puros del tío Mario… Gracias a Dios, la promesa original que, según el texto de la obra se ha intentado afectar, en este caso real ha sido preservada, sin argumentos satirizados ni fabulados”… Es ahora Herminio quien da el toque final: “Al final, Orwell –con su majestuosa obra-, y el tío Mario –desde el más allá al haber partido hace unas dos semanas-, pueden tener la certeza de que el maravilloso planteamiento final de la obra ahora es común a ambos: la promesa original no ha desaparecido, ni desaparecerá, ni para el tío Mario, ni para los otros muchos dominicanos que confiamos plenamente en la justicia.”



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