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    ¿Por qué los países del Golfo no están tomando represalias contra Irán?


    BBC Mundo

    Irán sigue lanzando ataques con misiles en todo el Golfo como parte de su conflicto con Estados Unidos e Israel.

    El jueves, atacó el complejo energético de Ras Laffan, en Qatar, después de que Israel arremetiera contra South Pars, en Irán, parte de uno de los yacimientos de gas natural más grandes del mundo.

    Hasta ahora, Qatar y los demás Estados del Golfo han optado por no tomar represalias contra Irán tras haber sido blanco de repetidos ataques.

    Pero ¿por qué evitan lanzar ataques y qué podría empujarlos a actuar?

    Alta vulnerabilidad, beneficio limitado

    Cuando Estados Unidos e Israel lanzaron su campaña militar conjunta contra Irán el 28 de febrero, Teherán respondió de inmediato no solo con ataques contra Israel, sino también contra Estados del Golfo aliados de Estados Unidos.

    Desde entonces, Baréin, Kuwait, Arabia Saudita, Qatar, Omán y, en particular, los Emiratos Árabes Unidos (EAU) han sido todos objetivos.

    Además de atacar bases militares estadounidenses en la región, funcionarios del Golfo afirman que Irán ha golpeado infraestructuras civiles, incluidos aeropuertos, hoteles, zonas residenciales y, especialmente, instalaciones energéticas.

    Sin embargo, hasta ahora los Estados del Golfo han optado por no llevar a cabo ataques propios contra Irán ni implicarse directamente en la guerra.

    «Desde su perspectiva, esta no es su guerra, y tomar represalias los hace correr el riesgo de convertirlos de observadores vulnerables en objetivos mayores, ya que todavía tienen mucho más que perder que ganar», afirma Sina Toossi, investigador sénior no residente del centro de estudios estadounidense Center for International Policy.

    Esta decisión de contenerse responde a «una combinación de vulnerabilidad, cálculo estratégico y escaso beneficio potencial», añade Toossi.

    Las economías de los Estados del Golfo dependen de la infraestructura energética, el transporte marítimo y la confianza de los inversores, señala Toossi, «todos ellos elementos que Irán ha demostrado poder perturbar».

    En particular, Irán ha estado utilizando el golfo Pérsico y el estrecho de Ormuz —dos vías marítimas cruciales para la economía global— como su principal herramienta de presión, explica.

    Sin embargo, Bilal Saab, director gerente sénior de Trends Research & Advisory y quien trabajara en el Pentágono durante la primera administración Trump, afirma que, si los países del Golfo siguen sin atacar a Irán, «en esencia están enviando a Teherán la señal de que puede infligir daños graves sin afrontar consecuencias».

    «El objetivo de responder con ataques sería, a corto plazo, obligar a Irán a detener sus ofensivas y, a largo plazo, establecer cierto grado de disuasión frente a futuras agresiones iraníes».

    Añade que los riesgos serían «considerables», ya que no está claro si un ataque por parte de los países del Golfo influiría de manera significativa en el desarrollo de la guerra o sería estratégicamente acertado.

    También existe una reticencia entre los países del Golfo a alinearse con Israel y sus objetivos para la región, señala Rob Geist Pinfold, profesor de seguridad internacional en el Departamento de Estudios de Defensa del King’s College de Londres.

    «Existe la sensación de que Israel ha arrastrado a Estados Unidos a esta guerra», añade.

    Para muchos dirigentes del Golfo, el legado de la guerra liderada por Estados Unidos en Irak sigue proyectando una larga sombra sobre el pensamiento regional, afirma Pinfold.

    En 2003, Estados Unidos invadió Irak y derrocó rápidamente el gobierno de Saddam Hussein. Pero lo que siguió fue un vacío de poder que dio lugar a insurgencias, violencia sectaria y años de inestabilidad en Irak y en toda la región.

    «Los fantasmas de 2003 siguen presentes», dice Pinfold.

    «Temían que aquello abriera las compuertas al caos y la inestabilidad, y también que permitiera a Irán ampliar su influencia. Y, en gran medida, se vieron confirmados.»

    Pinfold señala que los Estados del Golfo temen ahora que Estados Unidos esté llevando a cabo una «campaña indefinida, sin objetivos claros ni una hoja de ruta para el día después (de la guerra)», y que la región termine «cargando con las consecuencias».

    Pero aunque existe malestar en el Golfo por el hecho de que Estados Unidos e Israel hayan iniciado esta guerra, siguen dependiendo en gran medida de la protección militar estadounidense.

    Además de albergar bases y tropas estadounidenses, varios Estados del Golfo comparten inteligencia y dependen de sistemas de defensa aérea de Estados Unidos.

    Según funcionarios del Golfo, estas defensas aéreas han interceptado la mayoría de los ataques con misiles procedentes de Irán.

    «Aunque (los Estados del Golfo) cuestionan a Estados Unidos a nivel político, en el plano operativo y militar esa relación ha sido puesta a prueba y, en realidad, la ha superado bastante bien», afirma Pinfold.

    Desde que lanzó los ataques el mes pasado, Estados Unidos ha expuesto distintos objetivos para su campaña militar, desde destruir la capacidad de Irán para desarrollar armas nucleares hasta un cambio total de régimen.

    Aun así, los líderes del Golfo consideran que la diplomacia es la única vía para poner fin a los ataques, señala Pinfold.

    «La única manera de garantizar que ninguno de ellos siga siendo atacado es alcanzar algún tipo de acuerdo y llegar a un compromiso negociado».

    Donald Trump reiteró que sostuvo conversaciones con Irán, antes de abordar el avión presidencial este lunes en la mañana.



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