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    en busca de una vida como cualquier otra


    Ámbar Frías

    En el flujo habitual del restaurante de comida rápida McDonald’s, en la avenida Abraham Lincoln del Distrito Nacional, algo distinto ocurría ayer: en la entrada, detrás del mostrador, en la cocina y alrededor de las mesas, jóvenes adultos con síndrome de Down asumían roles que, para muchos representan rutina, pero que para ellos significa la oportunidad de ser parte activa del mundo laboral.

    La iniciativa forma parte de las actividades que desarrolla la Asociación Dominicana de Síndrome de Down (ADOSID) a propósito del mes del síndrome de Down, cuyo día mundial se conmemora cada 21 de marzo.

    La dinámica era simple en apariencia, pero profunda en impacto: vivir la experiencia de un día de trabajo real como los entes funcionales que son, además de formar parte de una campaña para visibilizar la condición.

    “Con esto ellos aprenden lo que es una empresa, lo que es un trabajo, y al desarrollar las actividades que nosotros les enseñamos en los talleres, se sienten útiles y aumentan su autoestima”, indicó la gerente de ADOSID, Elaine Ortega.

    Contrario a lo que muchos piensan, Ortega destacó que las principales limitaciones de quienes padecen síndrome de Down está en lo biológico, cuando en realidad el mayor reto está en lo social y comienza por el propio hogar.

    El coordinador de la Mesa de Diálogo por el Autismo, Fernando Quiroz

    “Cuando una familia tiene un hijo con síndrome de Down, siempre lo ven como un niño, lo infantilizan. Una persona con síndrome de Down crece. Son niños, son jóvenes y en algún momento también serán adultos”, detalló.

    Ortega también explicó que, el trato diferenciado da lugar a la soledad de quien padece la condición, dado que se les excluye de manera silenciosa, contribuyendo así a la formación de adultos aislados, inseguros y con dificultades para integrarse plenamente en la sociedad.

    Otros de los grandes retos a los que persistentes en la República Dominicana es la falta de datos y estadísticas nacionales que permitan saber cuántas personas con síndrome de Down hay en el país.

    No obstante, a pesar de la falta de cifras, Ortega aseguró que durante el último año la fundación ha impactado la vida de más de 700 personas, una cifra que evidencia tanto la magnitud de la población que padece la condición, como la necesidad de políticas públicas estructuradas.



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