Un domingo fúnebre en RD

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Por Rubén Moreta

Este 16 de febrero del 2,020 fue un domingo negro, fúnebre.  Ocurrió una desgracia política, una hecatombe, que desnudo las debilidades institucionales de la República Dominicana: fracasaron las elecciones municipales. 

Los dominicanos, los ciudadanos políticamente más entusiastas de Latinoamérica, acudimos bien temprano a la cita electoral.  Las urnas se abrirían a las siete de la mañana, pero en el ochenta y ocho por ciento de los colegios electorales que operaban con voto automatizado no ocurrió así, por lo que la frustración consumió a los electores al enterarse de que el sistema informático estaba colapsado e inservible. 

Se prometió corregir la avería, pero las horas pasaron sin solución.  Finalmente, a las once y once minutos, con ceño fruncido, apareció en televisión nacional el Presidente de la Junta Central Electoral, doctor Julio César Castaños Guzmán, anunciando la suspensión de las elecciones municipales. 

Fue un golpe fulminante a la democracia, un estrujón a las ansias de cambios que a nivel municipal tenían muchas comunidades.

¿Qué pasó? ¿Por qué no funcionó el sistema automatizado que nos vendieron como panacea?

Exijo que rueden cabezas.  Que estampen su renuncian hoy mismo los miembros de la Junta Central Electoral.  Fracasaron y humillaron a toda la república.

El autor es periodista.   

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