El papa alerta de una colonización ideológica que busca alienar a la persona

El papa alerta de una colonización ideológica que busca alienar a la persona

EFEBucarest El papa Francisco alertó ayer domingo de que en la actualidad se da una colonización ideológica que busca desarraigar y alienar a las personas como en el pasado, durante la beatificación de 7 obispos greco-latinos torturados por los comunistas en Rumanía. En su último día en el país balcánico, el pontífice acudió a Blaj

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EFEBucarest

El papa Francisco alertó ayer domingo de que en la actualidad se da una colonización ideológica que busca desarraigar y alienar a las personas como en el pasado, durante la beatificación de 7 obispos greco-latinos torturados por los comunistas en Rumanía.

En su último día en el país balcánico, el pontífice acudió a Blaj (centro), sede la Iglesia greco-católica, para declarar beatos a estos obispos que, como muchos otros, fueron perseguidos, confinados y torturados hasta la muerte tras la Segunda Guerra Mundial.

“Los nuevos beatos sufrieron y dieron su vida, oponiéndose a un sistema ideológico que rechazaba la libertad y coartaba los derechos fundamentales de la persona”, recordó el papa tras la beatificación, ante miles de fieles que acudieron a la ceremonia.

Francisco arremetió contra los sistemas políticos o sociales que dan prioridad a “los intereses particulares, rótulos, teorías, abstracciones e ideologías” por encima del bienestar de la gente.

El pontífice asimismo lanzó una advertencia en presente: “También hoy reaparecen nuevas ideologías que de forma sutil buscan imponerse y desarraigar a nuestros pueblos de sus más ricas tradiciones culturales y religiosas”, dijo.

“Colonizaciones ideológicas que desprestigian el valor de la persona, la vida, el matrimonio y la familia y dañan con propuestas alienantes, tan ateas como en el pasado, especialmente a nuestros jóvenes dejándolos desprovistos de raíces para crecer”, alertó.

Y añadió: “Entonces todo se vuelve irrelevante si no sirve a los propios intereses inmediatos empujando a las personas a aprovecharse de otras y a tratarlas como meros objetos. Son voces que, sembrando miedo y división, buscan cancelar y sepultar el más rico de los legados que estas tierras vieron nacer”, dijo sobre la tolerancia.

La ceremonia tuvo lugar en el “Campo de la Libertad” de Blaj, donde precisamente en 1948 el Gobierno comunista rumano exigió a los fieles y al clero greco-latino que abandonaran la fe católica y se unieran a la Iglesia ortodoxa, lo que derivó en años de persecución.

Francisco recordó que la tierra de Blaj, en Transilvania, “conoce bien el sufrimiento de la gente cuando el peso de la ideología o de un régimen es más fuerte que la vida y se antepone como norma a la misma vida y a la fe de las personas”.

Uno de los nuevos beatos es el obispo Ioan Suciu (Blaj, 1907), detenido como todos los demás jerarcas greco-católicos por negarse a sumarse a la Iglesia ortodoxa. Falleció en 1953 en la prisión rumana de Sighet, donde sufrió hambre, frío y torturas.

Monseñor Iuliu Hossu (Milas, 1885) fue arrestado por el Gobierno comunista en 1948 y se le privó de la libertad hasta su muerte en 1970, y el papa Pablo VI le nombró cardenal “in pectore”, en secreto, convirtiéndose en el primer rumano en recibir la púrpura.

El obispo Vasile Aftenie (Lodroman, 1899) fue arrestado en 1948 y confinado en el monasterio ortodoxo de Caldarusani, transformado en campo de concentración, hasta que un año después fue sometido a torturas, mutilado y encarcelado hasta su muerte en 1950.

Por su parte Ioan Balan (Teius, 1880) se negó a pasar a la Iglesia ortodoxa y, como otros obispos, fue detenido en Caldarusani en 1949 y vivió aislado en varias celdas, gravemente enfermo, hasta su muerte en 1959.

El jerarca Valeriu Traian Frentiu (Resita, 1875) murió en Sighet en 1952, dos años después de su arresto, pues no pudo soportar las torturas, y fue enterrado en la fosa común del Cementerio de los Pobres para evitar peregrinaciones a su tumba.

Por su parte Tit Liviu Chinezu (Huduc, 1904) murió en 1955 en Sighet, tras sufrir los trabajos forzados, y fue consagrado obispo en la clandestinidad por otros prelados greco-católicos cautivos.

Por último el obispo Alexandru Rusu (Saulia, 1884) fue condenado a 25 años de trabajos forzados en 1957 por “alta traición” y seis años después enfermó y murió en prisión.

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